El peligro de malcriar a un perro: Educación canina desde el principio
Hoy vamos a hablar de un tema que me parece súper interesante: el peligro de malcriar a un perro.
Y para ilustrarlo, pensemos en un perro como Rubio, un auténtico espectáculo, impresionante y brutal. Hay mucha gente enamorada de perros como él, y no es para menos. Pero detrás de esa belleza y carisma, hay algo que debemos tener claro: la educación es clave.
Hablando un poquito en serio, creo que perros como Rubio son especiales. En mi opinión —y esto es solo mi punto de vista personal—, la gran mayoría de perros que conozco que han mordido o que he visto morder tienden a ser los pequeñitos. Esos perros “malcriados” que a veces vemos por ahí. Pero, ¿quién tiene el problema? ¿Los perros? No, para mí el problema lo hemos ocasionado nosotros, las personas.
Llega un momento en que te das cuenta: si Rubio está malcriado, si está “maquillado” como digo yo, el maquillaje no es del perro, es nuestro. Nosotros lo hemos dominado mal, lo hemos malcriado. Y eso tiene consecuencias.
La importancia de educar desde cachorro
Es súper importante que desde el principio tengamos claras ciertas cosas. Cuando llega un cachorro a casa, hay una serie de aspectos fundamentales que no podemos pasar por alto. A veces, ciertas conductas nos hacen gracia. Por ejemplo, con un chihuahua puede parecer adorable que suba a la cama o que haga alguna trastada. Pero imagina lo mismo con un perro grande, como un cane corso, un dóberman o un dogo de Burdeos. Estos perros, de cachorros, pueden pesar 10 o 15 kilos y parecen pequeños y adorables. “¡Oh, qué bonito, va a dormir conmigo!”. Y está bien si tú quieres hacerlo así, no hay problema. El tema es que cuando ese perro crezca, llegue a pesar 50 o 60 kilos y siga subiéndose a tu cama, ya no vas a poder echarlo tan fácilmente.
Si no tienes un poquito de mando, si no te estableces como líder desde el principio, luego te va a costar mucho más. Imagínate diciéndole a un perro de 50 kilos: “¡Ahora te bajas de la cama!”. Puede ser un caos, incluso darte terror si no está bien educado. Pero si desde el inicio tienes claro cómo educar a tu perro y lo haces bien, no se te va de las manos.
Educar a un perro es como educar a un niño
Esto es un poco como la educación de los niños. Nunca sabes perfectamente cómo hacerlo, nunca estás seguro al 100% de si lo estás haciendo súper bien, pero todo es valorable y opinable en la vida. Lo que sí tienes que tener muy claro es qué quieres para el futuro. Si tienes un chihuahua, por ejemplo, da igual: llega con 3 kilos y como mucho tendrá 6. ¿Peligroso malcriarlo? No tanto. Pero con un cane corso, la cosa cambia. Si tienes críos en casa, ¿qué problema puede haber? Que el perro, mal educado, les muerda o les cause problemas.
La educación de un perro y la de un niño van bastante en paralelo. Se trata de establecer límites, límites claros. Un perro con límites es un perro más feliz, porque sabe lo que puede hacer y lo que no. Y eso evita problemas. Yo, por ejemplo, tengo dos cane corsos en casa. Se quedan con los críos solos y son la mejor alarma que puedo tener. Más allá de una alarma normal, ellos son mi seguridad y mi tranquilidad. Vigilan y cuidan como nadie.
¿Malcriados o bien educados?
Ahora, ¿dirías que mis perros están malcriados o bien educados? Yo creo que los míos son un poquito mimados —lo admito—, pero están bien encaminados. Todo está en mis manos. Tengo muy claro hasta dónde pueden llegar y dónde no. Son libres, pero nunca ha habido un gruñido por su parte, ni siquiera cuando un crío les quita un juguete de mala manera o les mete la mano en la comida. Ellos saben cuál es su lugar y cuál es el nuestro.
Al final, se trata de eso: o mandas tú o te manda el perro. No hay término medio. Si le das cariño, perfecto, pero el cariño no debe confundirse con dejar que el perro haga lo que quiera. Un perro bien educado no te quiere menos por tener límites; al contrario, vive más tranquilo y feliz.
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