La Importancia de la Sociabilización en un Cachorro de Cane Corso

Hay muchas ideas erróneas sobre la sociabilización de los cachorros. Hay quien cree que basta con darles cariño, cuatro caricias y listo, que el cachorro ya crecerá equilibrado sin necesidad de ningún tipo de trabajo. Pero esto no es así.

La sociabilización de un Cane Corso (o de cualquier otra raza) no es opcional. Es un proceso fundamental que comienza desde que el cachorro nace y se extiende hasta los primeros meses de vida, donde cada experiencia marcará su comportamiento futuro.

Vamos a desglosar por qué esto es tan importante y qué papel juegan tanto el criador como el propietario en este proceso.


El Trabajo del Criador: La Primera Etapa de Sociabilización

Desde el nacimiento hasta los tres meses, el criador tiene una responsabilidad enorme. No se trata solo de alimentar al cachorro y asegurarse de que esté sano, sino de exponerlo a distintas situaciones para que se acostumbre al mundo que le espera.

Exposición a ruidos → Desde sonidos cotidianos como aspiradoras o timbres hasta ruidos más intensos como el tráfico o tormentas.

Contacto con diferentes superficies → Para que el cachorro se acostumbre a caminar sobre césped, baldosas, alfombras, etc.

Interacción con humanos y otros perros → Un cachorro que solo ha estado aislado puede desarrollar miedos o inseguridades.

Primeras experiencias con el juego y la obediencia básica → No es cuestión de entrenarlos como adultos, pero sí de que empiecen a asociar experiencias positivas con el contacto humano.

Aquí es donde muchos fallan. Hay criadores que simplemente dejan a los cachorros en un corral sin hacer nada más. Luego, cuando el cachorro llega a su nueva casa, el propietario se encuentra con un perro inseguro, temeroso o con problemas de conducta.

Nosotros lo vemos a diario. En nuestro criadero, trabajamos cada día con los cachorros, porque sabemos que en estas primeras semanas se define su carácter para toda la vida.


El Papel del Propietario: De los 3 a los 6 Meses

Aquí es donde entra en juego el nuevo dueño. La familia que adopta al cachorro debe seguir con la sociabilización. No vale con pensar que, como el cachorro ya ha tenido un buen inicio, todo está hecho.

Exposición a diferentes entornos → Llevar al cachorro a parques, calles transitadas, diferentes casas… todo esto ayuda a que se adapte sin problemas a cualquier situación.

Socialización con otros perros → No vale solo con ver perros desde lejos, hay que hacer encuentros controlados para que el cachorro aprenda a interactuar correctamente.

Experiencias nuevas cada semana → Un cachorro debe enfrentarse a distintos estímulos, desde un viaje en coche hasta una visita al veterinario, para que aprenda que no hay nada que temer.

Si el propietario no hace este trabajo, lo que antes era un cachorro equilibrado puede convertirse en un perro miedoso o con reacciones exageradas ante situaciones nuevas.


La Genética También Importa

No todo es sociabilización. La genética juega un papel clave en el carácter del perro.

Mucha gente no lo sabe, pero un cachorro puede heredar rasgos psicológicos de sus padres y abuelos. No solo hablamos de apariencia física, sino también de comportamientos, inseguridades o incluso traumas genéticos.

Ejemplo real:
Si un cachorro ha sido criado por padres extremadamente nerviosos o inseguros, por mucho trabajo de sociabilización que hagas, siempre tendrá una predisposición a la inseguridad.

Por eso, en la selección de un cachorro no vale cualquiera. No se trata solo de que el perro sea bonito o tenga un buen tamaño. Su carácter viene de su línea genética y esto es algo que pocos tienen en cuenta.


El Impacto de una Mala Sociabilización

Para entender por qué esto es tan importante, piensa en lo siguiente:

Imagina que un cachorro de Cane Corso es atacado por un Malinois cuando tiene solo dos meses. No es solo un susto pasajero. Lo que pasa es que su cerebro asocia esa experiencia con un peligro real.

El resultado: cuando ese cachorro crezca, cada vez que vea un Malinois, su instinto será ponerse a la defensiva.

Esto pasa exactamente igual con otros miedos. Un cachorro que no ha sido expuesto a ruidos fuertes puede desarrollar fobia a las tormentas. Uno que no ha tenido contacto con extraños puede convertirse en un perro desconfiado y difícil de manejar.

Y todo esto, se podría haber evitado con una buena sociabilización.


Conclusión: No es Solo Darle Cariño

Si crees que un cachorro bien sociabilizado es simplemente aquel que ha recibido cariño, estás cometiendo un error enorme.

✔️ La sociabilización es un proceso.
✔️ Comienza con el criador, pero el propietario debe seguir el trabajo.
✔️ La genética influye en el carácter del perro.
✔️ Un cachorro mal sociabilizado puede desarrollar miedos o inseguridades que durarán toda su vida.