El Cane Corso es un perro muy fuerte físicamente y goza de muy buena salud. Soportan estoicamente el dolor y no se quejan casi nunca.

El Cane Corso suele tener muy pocos problemas de salud:

Uno de los más comunes es el denominado ‘Ojo cereza’, que es el término utilizado para referirse a un prolapso de la glándula de la membrana nictitante canina, conocida como el tercer párpado, cuando la membrana nictitante prolapsa y llega a ser visible. El ‘ojo cereza’ puede ser más común en los cachorros.

Otro de los problemas que pueden padecer las razas grandes como el Cane Corso es la displasia de cadera, ya que hay un rápido aumento de peso y volumen corporal en su crecimiento. Es una  malformación de la articulación coxofemoral (unión del acetábulo de la cadera y la cabeza femoral); que puede producir dolor e incluso cojera en el animal que la padece, y dificultad para sentarse o subir escaleras. La edad de presentación varía entre los 4 meses en los casos más extremos y 12 meses. Sin embargo, antes de los 4 meses se puede realizar el test de PennHip donde se podrá precisar las probabilidades para que un cachorro desarrolle displasia, pero nunca diagnosticarla ya que no es hasta los 4 meses cuando hay un desarrollo suficiente de las mismas. Los casos de displasia de cadera, por lo general, suelen ser bilaterales.

En la presentación de la displasia de cadera también intervienen factores ambientales como la alimentación, el ejercicio físico intenso, especialmente en edades juveniles, sobrepeso y alteraciones hormonales. Así es que los cachorros heredarán de sus padres (carga genética) una mayor o menor predisposición o vulnerabilidad a desarrollar displasia y, según como sea su etapa de crecimiento (nutrición, tasa de ejercicio, tasa de crecimiento…), la manifestarán en mayor o menor medida.